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Nuevo modelo cartografía con alta precisión la erosión por cárcavas en el olivar andaluz

Escrito por Oro del Desierto | 25-feb-2026 7:41:58

La erosión por cárcavas se ha convertido en uno de los grandes desafíos ambientales del olivar andaluz. Esas profundas zanjas que, tras episodios de lluvias intensas, surcan las fincas agrícolas hasta dibujar paisajes que recuerdan a pequeñas versiones del Gran Cañón no solo impactan visualmente: suponen pérdidas económicas, degradación del suelo fértil y un problema añadido para la gestión del agua.

Un equipo de la Universidad de Córdoba (UCO) ha dado un paso importante para entender y anticipar este fenómeno. Investigadores del Grupo de Hidrología e Hidráulica Agrícola han desarrollado un nuevo modelo que permite predecir con mayor precisión dónde pueden aparecer cárcavas en el olivar andaluz y, además, determinar si están activas o estabilizadas.

El problema no es menor. Cuando lluvias intensas asociadas a borrascas descargan grandes cantidades de agua en poco tiempo, el suelo desprotegido puede ser arrastrado ladera abajo. Ese sedimento termina muchas veces en los embalses de la cuenca del Guadalquivir, reduciendo su capacidad y afectando a la disponibilidad de recursos hídricos. A largo plazo, esto compromete tanto la rentabilidad de las explotaciones como la sostenibilidad del sistema agrícola.

Hasta ahora, la localización precisa de cárcavas a escala regional era limitada. Los métodos tradicionales funcionaban bien en estudios muy localizados, pero no permitían una visión amplia del territorio. El nuevo trabajo supera esa barrera al incorporar más variables relacionadas con los procesos que desencadenan la erosión, como la pendiente del terreno, el área de drenaje, la precipitación, el tipo de suelo o el contenido de arcilla.

Además, el estudio introduce un enfoque temporal. En lugar de basarse en una única fotografía fija, el equipo analizó ortofotos tomadas entre 2008 y 2019 en cuatro áreas de estudio de 25 kilómetros cuadrados cada una dentro de la cuenca del Guadalquivir. Esto permitió observar si las cabeceras de las cárcavas avanzaban, se mantenían estables o eran de reciente formación. En total se identificaron 475 cabeceras: 261 activas, 76 de reciente creación y 138 estables.

Otro aspecto interesante es que se tuvieron en cuenta los principales paisajes del olivar andaluz —campiñas alomadas, pie de monte, serranía y valle— y se comprobó que en las campiñas se concentra la mayor densidad y actividad de cárcavas. Esta diferenciación territorial resulta clave para diseñar estrategias adaptadas a cada entorno.

El modelo se basa en el Índice de Iniciación de Cárcavas (GHI), desarrollado por la Universidad de Leuven en 2025 y aplicado hasta ahora únicamente en Etiopía. Su aplicación en Andalucía ha demostrado un alto poder predictivo: el modelo alcanza un índice de acierto de 0,93 (en una escala en la que 1 representa la máxima precisión), muy por encima del 0,64 que ofrecía el método previamente utilizado.

Más allá de las cifras, el avance es relevante porque proporciona una herramienta práctica para la gestión del territorio. Con mapas más fiables sobre dónde es más probable que se inicien cárcavas y qué nivel de actividad presentan, las administraciones y los agricultores pueden anticiparse, aplicar medidas de conservación del suelo y reducir el impacto de las lluvias extremas.

En un escenario marcado por el cambio climático y por eventos meteorológicos cada vez más intensos, contar con modelos predictivos robustos no es solo un logro científico: es una necesidad para proteger uno de los cultivos más emblemáticos y estratégicos del sur de Europa.

En Oro del Desierto tenemos claro que este es un problema clave y que en la mayoría de olivares de Andalucía la erosión es el mayor problema de cara a la sostenibilidad del cultivo. Los recientes episodios de lluvias torrenciales han evidenciado la fragilidad del sistema más común en Andalucía el suelo desnudo sin cubierta, sin laboreo y con aplicación de herbicidas… Esto si además es con pendientes de más del 20% termina con una erosión hídrica altísima que merma el suelo fértil y la posibilidad de seguir produciendo de los olivos en estas condiciones.

En nuestras fincas, por contrario, se hacen todas las labores en contra de las curvas de nivel, se mantienen cubiertas vegetales, se hace no laboreo, y se procura mantener el suelo sano y protegido frente a la pérdida de suelo que causan las escorrentías. Un suelo sano y fértil reduce el consumo de fertilizantes, de agua y además permite al olivo tener mejores condiciones de salud.