La Unión Europea ha dado un paso relevante hacia el futuro de la agricultura al aprobar un nuevo marco regulador para las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG). Se trata de una decisión que, más allá del ámbito técnico o normativo, refleja un cambio de enfoque: de una posición históricamente restrictiva hacia una estrategia más abierta a la innovación, en un momento en el que el sector agrario se enfrenta a desafíos cada vez más complejos.
El objetivo del reglamento es claro. Por un lado, reforzar la competitividad del sistema agroalimentario europeo y reducir su dependencia exterior. Por otro, avanzar en sostenibilidad, manteniendo al mismo tiempo altos estándares en materia de salud humana, animal y protección del medio ambiente. Las NTG son una herramienta muy relevante, ya que permiten realizar modificaciones precisas en el ADN de los cultivos, facilitando el desarrollo de nuevas variedades mejor adaptadas a las condiciones actuales.
Uno de los aspectos más relevantes de la nueva normativa es la diferenciación entre dos categorías de vegetales obtenidos mediante estas técnicas:
La categoría 1 incluye aquellos considerados equivalentes a los cultivos convencionales, lo que implica procesos de autorización más ágiles y menores requisitos regulatorios.
La categoría 2, en cambio, abarca modificaciones más complejas, que seguirán sujetas a la normativa vigente sobre organismos genéticamente modificados, con mayores exigencias en términos de control, trazabilidad y etiquetado.
Esta distinción no es menor. De hecho, será determinante en la velocidad a la que estas innovaciones lleguen al campo. Cuantos más desarrollos encajen en la categoría 1, mayor será su potencial de adopción por parte de los agricultores. En caso contrario, las barreras regulatorias podrían limitar significativamente su implantación.
En el caso del olivar, el impacto potencial de este nuevo marco es especialmente relevante. Nos encontramos ante un cultivo profundamente condicionado por factores climáticos y con ciclos productivos largos, lo que dificulta su adaptación rápida a los cambios.
Las NTG podrían abrir la puerta al desarrollo de variedades más resistentes a la sequía, mejor adaptadas al estrés hídrico y térmico, y con una mayor eficiencia en el uso de recursos. Todo ello resulta clave en un escenario en el que el cambio climático ya está afectando de forma directa a los rendimientos y a la rentabilidad de las explotaciones.
Sin embargo, conviene mantener una visión realista. La aplicación efectiva del reglamento no se producirá hasta, previsiblemente, mediados de 2028, tras un periodo de transición. Además, el desarrollo de nuevas variedades (especialmente en cultivos leñosos como el olivo) requiere tiempo, inversión y validación en campo. Por tanto, aunque el potencial es alto, los efectos no serán inmediatos.
A ello se suma otro elemento crítico: la propiedad intelectual. El reglamento introduce medidas de transparencia en relación con las patentes, pero el debate sobre su impacto sigue abierto. La posibilidad de que estas innovaciones queden en manos de un número reducido de actores podría influir en el acceso a las nuevas variedades, en los costes para los agricultores y, en última instancia, en la estructura del propio sector.
En definitiva, la aprobación de este marco regulador marca un punto de inflexión. La genética se perfila como uno de los grandes vectores de transformación del sistema agrario europeo en los próximos años. Para el olivar, en particular, puede suponer una oportunidad estratégica para adaptarse a un entorno cada vez más exigente. Pero el verdadero reto no estará solo en la tecnología, sino en cómo se implementa, quién puede beneficiarse de ella y en qué medida contribuye realmente a construir un modelo agrario más resiliente, competitivo y sostenible
Desde Oro del Desierto, como productores ecológicos, siempre hemos defendido el no uso de OGM en agricultura; de hecho, hasta ahora, no existía el olivar genéticamente modificado. Aun así, siempre que haya garantías y las mejoras puedan ayudar a la adaptación al cambio climático, debería ser, al menos, valorado.
No perdamos de vista que existen más de 1.000 variedades de olivar catalogadas y cada poco aparecen variedades no estudiadas o catalogadas. Esto, unido a los patrones existentes de híbridos ya seleccionados en semilleros y viveros para marcos de seto en olivar, nos da un pool tremendo de opciones de material genético disponible. Pero, ¿hasta que punto es necesario aplicar nuevas tecnologías de OGM en olivar teniendo este patrimonio existente previo?
La simplificación masiva en nuevas plantaciones de pocas variedades esta causando ya problemas productivos en fincas nuevas, por lo tanto habría que valorar si esta nueva aparición de NTG podría ayudar o simplificar aun más el mercado del olivar y el aceite de oliva y su resiliencia a largo plazo…